Mostrando entradas con la etiqueta Educación familiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación familiar. Mostrar todas las entradas

miércoles

¿CÓMO ENSEÑAR NORMAS, REGLAS Y VALORES A LOS NIÑ@S?

Enseñar a los niños lo que está bien y lo que está mal es una de los  más importantes retos que tienen que afrontar los padres. Cómo hacerlo dependerá, como en todo aprendizaje, de la edad de los niños.


En la infancia se siguen unas etapas evolutivas que determinan el desarrollo motor, cognitivo y emocional de los niño, es decir, de igual modo que van creciendo físicamente lo van haciendo interiormente, lo que nos señala lo que podemos esperar de ellos y lo que no.

Esto condiciona claramente nuestras estrategias educativas. Es decir, no podemos esperar que el niño cuelgue su abrigo en un perchero alto, porque aún no ha alcanzado la altura que precisa para ello, por lo que no podemos exigírselo, así que o bajamos el perchero de altura o tan solo le enseñamos a que nos lo den a nosotros para colgarlo. No habrá modo alguno de acelerar el proceso natural de desarrollo, en tal caso podremos retrasarlo si el ambiente no se ajusta a las necesidades (mala alimentación, por ejemplo).

La necesidad de que haya reglas

                                 
De este modo vamos a ver brevemente qué etapas atraviesan los niños en relación al juicio moral (qué está bien y qué está mal) y en función de ello, qué estrategias vamos a utilizar para enseñarles de modo eficaz. Piaget definió la moralidad como “un sistema de reglas y el respeto del individuo por las mismas” y Kolhberg hablaba del juicio moral como “ el jucio sobre la aceptación o desviación de la norma” . Ya tenemos el pilar más básico : necesitamos proponer reglas y ocuparnos de que se cumplan . Pero, ¿cómo?



Un poco de psicología básica

Podemos definir tres etapas: Anomía (sin reglas), Heteronomía (perciben la existencia de reglas, que tienen un claro origen externo (padres, profesores…). Lo correcto es lo que ellos dictan y acatar o cumplir dicha norma. No se valoran aún intenciones subjetivas y considero los actos como “buenos” o “malos” en función de las consecuencias de cumplir o no con la regla (castigo, premio). La mayoría de los autores considera que es a partir de los 4 años cuando empiezan a interiorizar las reglas y manejarlas.

Hasta aproximadamente los diez años responderán para evitar castigos u obtener recompensas. Posteriormente, les interesará también el ser considerados “buenos” o “malos” por los demás. La última etapa es la de Autonomía, en la que el sujeto ya supera el egocentrismo infantil y es capaz de considerar los derechos propios y también los ajenos. Se dará a partir de los 12 años (sentimiento s de justicia, principios éticos y búsqueda de una lógica universal). A esta etapa no se llega necesariamente, hay adultos que no la alcanzan nunca.

Nuestro deber, establecer las normas

Por lo tanto, lo primero que debemos tener en cuenta es que no tiene sentido invertir energía y tiempo en tratar de razonar con nuestros pequeños el porqué de la norma. Sencillamente, no lo van a entender y no se van a guiar por eso. Debemos ser nosotros, en nuestro papel de padres, educadores, cuidadores, etc. Los que les demos de manera unánime una serie de reglas claras y con unas consecuencias firmes en su consecución o desafío.

Nos interesa que las reglas sean pocas y muy claras y sin dejarnos llevar por razonamientos. Tenemos ser cariñosos y firmes. Nuestros pequeños no tienen capacidad de autocontrol, así que debemos ser nosotros su control, hasta que sean capaces de interiorizarlo.


Si no hay límites, hay confusión e inseguridad

Los niños necesitan autoridad para crecer felices. Ni que decir tiene, que es el ambiente familiar el mejor  y más seguro lugar dónde enfrentarnos a  las normas y sus consecuencias ya que tarde o temprano nos enfrentamos a ellas (en el colegio, trabajo…) y allí sería más duro. Por tanto vamos a imponer disciplina, es decir, vamos a enseñarles a actuar  a través de unas normas y con unos límites claros.

                                    
Para comunicar normas a tus hijos, sigue las pautas, en la medida de lo posible, de a continuación

Tono de voz: no grites. No le hables desde otra habitación. Acércate a él, mejor a su altura y habla en un tono medio.

Lenguaje corporal : Mantén contacto visual . Mírale a los ojos y pídela que  te mire. Sujétale si es necesario. Sé expresivo, muestra lo que está bien con gestos positivos y lo que no con gestos negativos (sonrisa versus ceño fruncido por ejemplo).

Muéstrate seguro, no titubés. Una sola frase es suficiente y repítela si es necesario (sin excederte), en un lenguaje claro, con frases simples (“Esto no se hace”) Si piden explicaciones responde de modo sencillo (“Porque está mal. No quiero que vuelvas a hacerlo, por favor”). No es momento para ellos de entender juicios morales.

No muestres ansiedad. Intenta siempre estar calmado frente a los desafíos. No te enfades. A fin de cuentas, debes entender que su “papel” es transgredir la norma y el tuyo supervisarla  y corregirla. Asúmelo. Es su manera de aprender y la tuya de enseñar. Si notas que estás enfadado sal de la situación y respira hondo , unos segundos bastarán para rebajar la ansiedad y volver a afrontar con calma.


Evita emplear etiquetas personales (“Eres malo”) ni comparaciones continuas (“Tu hermano es bueno y tú no”). No personalices, elogia y censura la conducta , no al sujeto (“Te estás portando mal. Tu hermana se está portando bien”).

No cedas ni cambias estrategias de modo continuo sobre la marcha, mantenerse firme es fundamental. La norma no debe cambiar según la situación ni según nuestro estado de ánimo, ni según quién la pone (es muy importante que estemos todos juntos para que haya coherencia educativa : padre y madre, abuelos, profesores…)

No escatimes nunca en elogios y atención. Nuestra atención es el recurso más poderoso que tenemos , es el mejor refuerzo para nuestros pequeños. Pero no olvides que lo es siempre, también cuando les prestamos atención para regañarlos. Si solo les atendemos y nos dirigimos a ellos cuando se portan mal, aprenderán a portarse mal para captar nuestra atención. Por eso es tan importante que les dediquemos unos minutos cuando estén portándose bien y nos dirijamos a ellos para decirles lo bien que lo están haciendo y nos sentemos a compartir su tarea.

Así mismo, les censuraremos y les retiraremos atención cuando su comportamiento sea inadecuado (“hasta que no dejes de patalear no voy a hacerte caso” y hacer caso omiso a su conducta , sin mirarles, sin tocarles, sin sonreir , sin gritar…. Una vez dejen de hacerlo, nos acercaremos , recordaremos la norma, y empezaremos a elogiar lo bien que lo hacen “Así está bien, ahora te escucho, dime carinño…”

También puedes utilizar otro tipo de refuerzos además de la atención (“Como te has portado bien y has recogido los juguetes, vamos al parque, te doy una onza de chocolate…” “Como te has portado mal porque no has recogido los juguetes, no te doy chocolate”. 

Recordad que los premios y los castigos siempre deben darse a continuación de la conducta para que sean efectivos. No utilices tus emociones hacia él como moneda de cambio (“no te quiero porque eres un niño malo” “papá no te va a querer si te portas mal”). El niño debe crecer con la seguridad de que el amor de sus figuras de apego (padres o cuidadores) es absolutamente seguro y estable. Solo así podrá desarrollarse adecuadamente y ser emocionalmente sano.

Los niños que crecen sin normas, se sentirán confusos, perdidos y serán niños inseguros que, a menudo se muestren enfadados y desafiantes, porque realmente, no saben cómo actuar ni adónde dirigirse. Esto les genera angustia. Es decir, si no damos normas y límites hacemos sufrir a nuestros pequeños más que si los guiamos firmemente.

Maribel González es psicóloga colegiada: M-13898, con máster en Psicología Clínica por la Universidad Complutense de Madrid y parte del equipo de profesionalesl del consultorio médico Estrella, en Madrid capital.


LECTURA RECOMENDADA:


DE DONDE VIENEN LOS HERMANIT@S III

Consejos finales para explicar la llegada de un nuevo herman@




Aceptar los sentimientos de nuestro hijo/a


Con todos los cambios que conlleva la llegada de un bebé a la familia, es normal que los hermanos mayores se porten mal mientras hacen un esfuerzo por adaptarse a esos cambios.
Anime a su hijo/a mayor a expresar cualquier sentimiento de enfado o resentimiento que pueda haber acumulado contra el bebé. Si su hijo/a no puede articular sus sentimientos, no le extrañe que los exteriorice saltándose conscientemente algunas normas o volviendo a lloriquear o a hablar como un bebé.
Si su hijo/a se porta mal, no permita que se salte las normas ni sea demasiado blando con él, pero haga un esfuerzo por entender qué sentimientos pueden estar motivando ese comportamiento. Tal vez la mala conducta sea un indicador de que su hijo/a mayor necesita más atención personalizada de sus padres. Transmítale el mensaje de que, a pesar de que sus sentimientos son importantes y legítimos, debe expresarlos de formas apropiadas.
¿Quieres saber más?
¿Quiere saber la opinión de otr@s madres y padres?

VÍA: http://kidshealth.org


DE DÓNDE VIENEN LOS HERMANIT@S II

Algunas estrategias más para explicar de dónde vienen los hermanit@s:

Organice las cosas con antelación para el día del parto




Conforme se vaya acercando la fecha de la salida de cuentas, es una buena idea que organice con suficiente antelación quién va a cuidar de su hijo/a mayor mientras usted está en el hospital. Tal vez quiera compartir esos planes con su hijo/a para que él sepa qué esperar cuando llegue el día.
Tal vez le haga ilusión que, después de que nazca el bebé, su hijo/a mayor vaya a visitarles al hospital. Es una buena idea organizar esa visita cuando no haya otras personas visitándole a fin de reforzar la sensación de que él también forma parte de la familia y convertir ese momento en un encuentro familiar íntimo.
Durante los días y semanas que rodeen al nacimiento del bebé, intente mantener las rutinas de su hijo/a mayor todo lo regulares que sea posible. Si tiene planeado hacer cambios en el dormitorio de su hijo/a para acomodar al bebé, hágalos unas cuantas semanas antes de la llegada del pequeño. Si su hijo/a está en la edad de afrontar algún cambio o hito evolutivo importante, como aprender a utilizar el váter o pasar de la cuna a la cama, usted debería propiciar ese cambio bastante antes de la fecha de la salida de cuentas o bien aplazarlo hasta que el recién nacido lleve algún tiempo en casa.
Una vez en casa
Cuando el bebé esté en casa, hay varias cosas que usted podrá hacer para ayudar a su hijo/a mayor a adaptarse a todos los cambios.
Es una buena idea incluir a su hijo/a mayor lo máximo posible en las actividades diarias relacionadas con el cuidado del bebé para que no se sienta excluido/a. Tal vez quiera instalar temporalmente en su dormitorio un plegatín o una cama pequeña para que su hijo/a mayor pueda dormir con el resto de la familia. (De todos modos, evite que esa cama temporal sea más cómoda que la cama donde duerme habitualmente su hijo/a mayor, pues la idea es que esta distribución sea sólo temporal.)
Es posible que a su hijo/a mayor le haga mucha ilusión ayudar en el cuidado del bebé. A pesar de que esa "ayuda" puede significar que cada tarea cueste bastante más tiempo, le dará a su hijo/a la oportunidad de relacionarse con el bebé de una forma positiva. Dependiendo de la edad de su hijo/a, podrá ir a buscar los pañales de su hermanito, ayudar a llevar el cochecito del bebé, hablarle o ayudar a vestirlo, bañarlo o hacerle eructar.
Si su hijo/a no muestra ningún interés por el bebé, no se preocupe y no le fuerce. Tal vez necesita más tiempo.
Habrá momentos, por ejemplo, cuando amamante al bebé, en que su hijo/a mayor no podrá participar en el cuidado del pequeño. En esas ocasiones, es conveniente que su hijo/a mayor tenga a mano juguetes para entretenerse. Así usted podrá amamantar al bebé sin que le interrumpan y su hijo/a mayor no se sentirá ignorado ni desatendido.
Es una buena idea aprovechar todas las oportunidades que tenga para relacionarse individualmente con su hijo/a mayor, dedicándole toda su atención. Pasen tiempo juntos cuando el bebé esté durmiendo. A ser posible, tanto usted como su pareja, deberían reservarse un tiempo cada día para que los dos pasen un rato a solas con su hijo/a mayor dedicándole toda su atención. Si su hijo/a sabe que puede disfrutar cada día de un rato de atención exclusiva, es posible que eso ayude a atenuar cualquier resentimiento o enfado que pueda haber acumulado contra el bebé.
También puede ayudar bastante recordarles a sus familiares y amigos que su hijo/a mayor puede querer hablar de otras cosas aparte del bebé.

VÍA: http://kidshealth.org


DE DÓNDE VIENEN LOS HERMANITOS I

DORMIR SOLITO

¿CÓMO AYUDAR AL NIÑ@ A DORMIR EN SU CAMITA?

Algunos padres, cuando el niño se despierta por la noche, se lo llevan a su cama para evitar tener que desplazarse a su habitación en caso de volver a despertarse. Esto es una mala costumbre que el niño termina adoptando y una vez que ha cumplido cierta edad, dos o tres años, es bastante difícil volverlo a acostumbrar a dormir solo en su cama y en su habitación.
Para lograr que vuelva a acostarse en su cama, debemos ser tiernos a la vez que firmes con él. Tenemos que explicarle a nuestro hijo que es lo que va a ocurrir a partir de ese momento, que debe aprender a dormir en su habitación y en su cama.
Debemos iniciar el ritual que tenemos establecido para la hora de dormir, contarle un cuento, darle un beso de buenas noches y explicarle que dentro de un rato volveremos. El objetivo es que el niño se quede solo en su habitación y no importa que no se duerma.

Al principio el niño intentará por todos los medios volver a la rutina anterior (llorará para ir a la cama de los padres), ya que él no entiende que debe dormir solo, es normal, cuando está acompañado de sus padres o familiares todo el día, no le gusta el momento en el que se tiene que quedar solito.
Si el niño vomita debemos mostrar calma, acercarnos a su lado y decirle que no pasa nada, le limpiamos y le cambiamos la ropa y nos quedaremos con él hasta que se calme, pero después le diremos que tiene que dormirse él solo y nos marchamos.
Con los días, aumentaremos los tiempos de espera para ir a verle hasta que se duerma. Con este sistema, empezará a dormirse solito sin reclamar nuestra presencia.
SI QUIERES APRENDER DE LA EXPERIENCIA DE OTRAS FAMILIAS ENTRA EN: http://www.serpadres.es/foros/showthread.html?t=4065

INTRODUCIR LA ALIMENTACIÓN SÓLIDA




La mayoría de los bebés están preparados para comenzar a experimentar con los alimentos sólidos alrededor de los seis meses de edad.




Fundamentos de la alimentación complementaria
guiada por el bebé

1. Lactancia materna como la base de la alimentación autónoma 
  Se recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé. La lactancia materna ofrece la base ideal para la alimentación autónoma del bebé con sólidos, ya que los niños amamantados se alimentan a su propio ritmo. ¡¡De hecho es imposible obligarlos a comer más rápido o más despacio!! Además, controlan su ingesta de nutrientes y fluidos, acortando o alargando cada tetada. Por otro lado, y teniendo en cuenta que el sabor de la leche materna varía en función de la dieta de la madre, la lactancia materna prepara al bebé para aceptar nuevos sabores.

Los bebés saludables y normales alimentados con lactancia materna son muy capaces de gestionar el proceso de introducción de sólidos, siempre que cuenten con el apoyo adecuado por parte de sus padres. Aunque la capacidad de alimentarse de manera autónoma que caracteriza a la lactancia materna es la que sostiene la teoría de la ACD, muchos padres que han alimentado a sus bebés con biberón han descubierto que este método también funciona con sus hijos. La única diferencia significativa es la necesidad de asegurarse de ofrecer al bebé otras bebidas, además de la leche.

2. Entender las motivaciones del bebé
Este enfoque para la introducción de los alimentos sólidos ofrece al bebé la oportunidad de descubrir todo lo que la comida puede ofrecer, como parte del proceso de exploración del mundo que le rodea. Para ello, el bebé aprovecha su deseo de explorar, experimentar e imitar las actividades de los demás. Si se permite que el bebé establezca el ritmo de cada comida, y se insiste en el juego y la exploración más que en el propio acto de comer, la transición hacia las comidas sólidas tendrá lugar de una manera muy natural. El cambio resultará fácil porque la motivación del bebé para avanzar en el proceso es la curiosidad y no el hambre.

No es necesario que los momentos de la comida coincidan con las tetadas. De hecho, si pensamos en la lactancia y la alimentación complementaria como dos actividades separadas, el proceso será más relajado y se convertirá en una experiencia agradable tanto para los padres como para el bebé.

3. ¿No se ahogará? 
Muchos padres se preocupan por la posibilidad de ahogamiento. Aún así, hay indicios que hacen pensar que si los bebés controlan lo que se llevan a la boca tienen menos riesgo de atragantarse que cuando son alimentados con una cuchara. Esto se debe a que los bebés no son capaces de mover intencionadamente la comida hacia la garganta hasta después de haber desarrollado la habilidad de masticar. Y no desarrollan la habilidad de masticar hasta después de haber aprendido la habilidad que les permite alcanzar y agarrar cosas. La capacidad de agarrar objetos muy pequeños se desarrolla aún más tarde. Así, un bebé muy pequeño no puede aumentar el riesgo de atragantamiento porque es incapaz de llevarse cosas pequeñas a la boca. Sin embargo, si alimentamos al bebé con la cuchara, estamos instándole a que sorba la comida hasta el fondo de la boca, aumentando el riesgo de atragantamiento.
Parece que el desarrollo general del bebé mantiene el ritmo de su capacidad para manejar la comida con la boca, y para digerirla. Un bebé al que le cuesta llevarse comida a la boca probablemente no está muy preparado para comerla. Por eso, es importante resistir la tentación de “ayudar” al bebé que se encuentra en esa situación. Es el propio desarrollo de las distintas habilidades implicadas en el acto de comer lo que asegura que la transición hacia la alimentación sólida se produce al ritmo adecuado, manteniendo el riesgo de ahogamiento en niveles mínimos.

Inclinar al bebé o tumbarlo para alimentarlo con sólidos es peligroso. Un bebé que manipula comida siempre debe estar sentado en posición erguida. De este modo, facilitamos que la comida que todavía no es capaz de tragar, o que no desea tragar, caiga fuera de su boca.

Seguir los deseos y el ritmo del bebé a la hora de introducir la alimentación complementaria no significa dejar de lado las reglas de seguridad que nos dicta el sentido común. Es muy improbable que un bebé pequeñito pueda lograr agarrar un cacahuete, por ejemplo, pero los accidentes pueden ocurrir, sea cual sea el modo en que es alimentado el bebé. Las reglas normales de seguridad para la prevención de accidentes durante las comidas y el juego también se deben seguir cuando la transición hacia las comidas sólidas es dirigida por el bebé.

4. Asegurar una correcta nutrición 
Si se permite que los bebés se alimenten por sí mismos, suelen aceptar una amplia variedad de comidas. Probablemente, esto se debe a que, cuando seguimos este método, permitimos al bebé centrarse en muchos otros aspectos además del sabor; también perciben la textura, el color, el tamaño y la forma. Además, ofreciéndoles los alimentos por separado o de tal modo que ellos mismos puedan separarlos, les permitimos aprender sobre las diferencias entre los distintos sabores y texturas. Y si les dejamos rechazar cualquier alimento que no parezca gustarles, contribuimos a que, en el futuro, sigan estando dispuestos a aceptar nuevos alimentos.

Los principios generales de una alimentación saludable para niños se aplican también a los bebés que están gestionando su propio proceso de introducción de sólidos. Por eso, deben evitarse las comidas rápidas y los alimentos con azúcar o sal añadidos. Aún así, cuando un bebé supera los seis meses de edad, no hay necesidad de restringir los alimentos que se le deben ofrecer (a menos que haya antecedentes familiares de alergias o alguna enfermedad relacionada con el sistema digestivo). Son ideales las frutas y verduras, combinadas con otros alimentos cocidos ligeramente para que estén lo suficientemente blandos como para masticarlos. Al principio, es mejor ofrecer la carne en trozos grandes, para que puedan experimentar con ella y chuparla; una vez el bebé puede coger y soltar puñados de comida, la carne picada es una buena opción (Nota: los bebés no necesitan dientes para morder y masticar; ¡Con las encías se apañan bastante bien!).

Tampoco es necesario cortar la comida en trocitos diminutos, ya que los bebés más pequeños no serían capaces de cogerlos. Una buena medida para valorar el tamaño y la forma en la que se deben preparar los alimentos es el propio puño del bebé, aunque hay que tener en cuenta un dato muy importante: los bebés más pequeños no pueden abrir el puño intencionalmente para soltar objetos. Esto implica que manejarán mejor la comida con forma de palito o que tenga un asa incorporada (como el tallo de un trozo de brócoli). De este modo, pueden masticar el trozo que sobresale de su mano y descartar el resto después –normalmente cuanto tratan de alcanzar la siguiente pieza de comida que atrae su interés. A medida que sus habilidades mejoran, aprovecharán más la comida.

5. ¿Y las bebidas? 
El contenido en grasa de la leche materna aumenta al final de la tetada. Un bebé amamantado reconoce este cambio y usa este conocimiento para controlar su ingesta de líquidos. Si tiene sed, tenderá a succionar poco tiempo, quizás de ambos pechos, mientras que si tiene hambre prolongará la toma durante más tiempo. Gracias a ello, los bebés amamantados a demanda no necesitan beber nada más, ni siquiera en verano.

Este principio también se puede aplicar al periodo de transición hacia la comida normal, siempre que el bebé siga siendo amamantado a demanda. Se le puede ofrecer un vaso de agua durante las comidas como parte de la exploración, pero no hay necesidad de preocuparse si no quiere beber nada.

Los bebés alimentados con leche de fórmula necesitan un enfoque ligeramente diferente, ya que los biberones tienen la misma consistencia durante toda la toma, por lo que hay menos posibilidad de saciar la sed. Para garantizar un aporte de líquidos suficiente, sólo hay que estar pendiente de ofrecer al bebé agua con cierta frecuenta una vez ha comenzado a comer pequeñas cantidades de los alimentos ofrecidos.

Si continuamos ofreciendo lactancia a demanda durante el periodo de introducción de la alimentación complementaria, dejamos en manos del bebé la decisión de cómo y cuándo reducir sus tomas de leche. A medida que ingiere mayor cantidad de alimentos durante las comidas familiares, se “olvidará” de pedir alguna toma o tomará menos cantidad de leche en cada toma. No es necesario que su madre tome esas decisiones por él.




Lo que DEBES y NO DEBES hacer en la alimentación complementaria a demanda

1. DEBES ofrecer a tu bebé la posibilidad de participar siempre que la familia esté comiendo. Puedes comenzar a hacerlo tan pronto como el bebé muestre interés en observarte mientras come, aunque no es probable que esté preparado para llevarse comida a la boca hasta que tenga seis meses.

2. DEBES asegurarte de que tu bebé está sentado con la espalda erguida mientras experimenta con la comida. Al principio, puedes sentarlo en tu regazo, mirando hacia la mesa. Una vez que empieza a desarrollar la habilidad de coger comida, casi con toda probabilidad será capaz de mantenerse solo sentado, con un soporte mínimo, en una trona.

3. DEBES comenzar ofreciéndole alimentos adaptados al tamaño de su puño, preferiblemente en forma de palitos (o con un “asa”). Siempre que sea posible –y que los alimentos sean adecuados para el bebé-, ofrécele la misma comida que al resto, para que se sienta integrado en la experiencia familiar.

4. DEBES ofrecerle alimentos variados. No es necesario limitar su acceso a la comida, igual que tampoco lo haces con los juguetes.

5. NO DEBES meter prisa al bebé. Permítele que haga las cosas a su propio ritmo. Es especialmente importante que evites la tentación de “ayudarle” poniendo comida en su boca.

6. NO DEBES esperar que el bebé coma nada durante los primeros intentos. Una vez haya descubierto que sus nuevos juguetes saben bien, comenzará a masticarlos y, después, a tragarlos.

7. NO DEBES aspirar a que el bebé se termine cada trozo de comida, sobre todo al principio. Recuerda que todavía no ha desarrollado la habilidad de alcanzar la comida que está dentro de su puño.

8. DEBES volver a ofrecerle más adelante la comida que ha rechazado. Los bebés cambian de opinión y pueden aceptar alimentos que en un primer momento rechazaron.

9. NO DEBES dejar al niño solo mientras come.

10. NO DEBES ofrecer comidas que suponen un riesgo evidente, como frutos secos.

11. NO DEBES ofrecerle comida rápida, platos preparados o alimentos a los que se haya añadido azúcar o sal.

12. DEBES ofrecerle agua en un vaso o taza, pero no te preocupes si no muestra interés. En especial, los bebés amamantados probablemente seguirán obteniendo todos los líquidos que necesitan del pecho durante algún tiempo.

13. DEBES estar preparado para el caos y el desorden. Un plástico bajo la trona protegerá el suelo o la alfombra y facilitará la limpieza. También te permitirá volver a ofrecer al bebé los alimentos que se hayan caído, disminuyendo la cantidad de comida desperdiciada. (¡Te sorprenderá positivamente descubrir lo rápido que el bebé aprende a comer manchando menos!).

14. DEBES continuar amamantando a tu bebé a demanda, durante todo el tiempo que quiera. Es probable que cambie el patrón de las tomas a medida que come más.

15. Si tienes antecedentes familiares de intolerancia, alergias alimentarias o trastornos digestivos,DEBES consultar a tu pediatra antes de comenzar.

16. Finalmente, ¡DEBES disfrutar viendo como tu bebé aprende a comer y observando cómo desarrolla su habilidad con las manos y la boca durante todo el proceso!


© Gill Rapley, 2008
Traducción de Eloísa López

¿COMO QUITARLE EL PAÑAL AL NIÑ@?

Si tienes un niño de alrededor de 2 años, de quitarle el pañal. Sin duda se trata de toda una aventura, tanto para él como para ti y tu familia. Los primeros días pueden parecer un tanto críticos y muchas mamás abandonan el intento, pero con un poco de paciencia, se consigue con toda normalidad.



En primer lugar hay que tener en cuenta que el hecho de quitar el pañal cuando empieza el calor es por un motivo de comodidad y salud.
- Comodidad porque al llevar menos ropa, es menos ropa que hay que quitar, poner y lavar.
- Salud porque si se moja la ropa cuando hace frío, puede resfriarse con facilidad.
El problema de elegir una fecha fija es que no siempre coincide con el tiempo en el que el niño realmente está preparado para dejarlo, así que puede pasar que aún no lo esté y le cueste un poco más de lo que le costaría si realmente lo hiciéramos cuando lo está.
Antes de darte los consejos de cómo hacerlo, te explico el desarrollo del control de los esfínteres:
0-6 meses: El vaciado de la vejiga se produce de una forma automática y por reflejo.
12-24 meses: El niño empieza a adquirir conciencia de su deseo de hacer pipí, e incluso puede llegar a ser capaz de avisar.
2-3 años: El niño adquiere el control diurno y suele ir al baño por sí mismo.
3-4,5 años: La mayoría de los niños adquieren la conciencia urinaria nocturna. No mojan la cama.
4 años: El niño tiene un control total sobre la vejiga.
5 años: Si a esta edad, el niño moja la cama por la noche, consideramos la posible existencia de un problema de control de la vejiga llamado “enuresis”. En este caso habría que acudir al pediatra para que te aconseje la forma más adecuada para solucionar el problema.

Consejos para quitar del pañal
* Edad - Te aconsejo que le retires el pañal a tu niño si tiene alrededor de 2 años. Si cumple los dos años durante el verano y lo ves muy verde aún, puedes esperar al año siguiente.
* Época del año –  Cuando empieza el calor: mayo o junio.

 Cómo hacerlo
- Elige un día que tú y tu pareja tengáis fiesta y retirárselo sin más. Tener preparado la fregona y el cubo, además de un buen número de calzoncillos o braguitas limpias. Los primeros dos días van a ser un poco caóticos, pero verás que enseguida la cosa empieza a mejorar. Sobre todo, mantener la calma y no forcéis al niño a nada.
- Puedes aprovechar y retirárselo también por la noche. Aquí puede haber un gran debate, pero la experiencia me dice que si lo haces, el niño no mojará la cama. Si quieres puedes esperar unos días y si ves que se levanta con el pañal seco, se lo retiras entonces. Eso sí, inmediatamente después de despertarse llévalo al lavabo, si no te tocará fregar. No te recomiendo que esperes más de unos pocos días para dar este paso, porque puedes enquistar el problema.
- Establece un horario para ir al lavabo. Unas 6 veces al día (al levantarse, media mañana, comida, merienda, cena y al ir a dormir). Aunque al principio no existirá horario, si lo pones siempre en esos momentos, poco a poco irás viendo que realmente empieza a hacerlo bien.
- Empieza utilizando orinales para pasar luego a los adaptadores de WC.
- Postura correcta: Los niños lo hacen mejor de pie. Se acostumbran antes, aunque a las mamás no nos guste. Las niñas siempre sentadas en ángulo recto y con los pies apoyados.
- Sobre todo, sin prisa, sin nervios, de buen humor, sin forzar y comprobando que realmente ha acabado de hacerlo y no se ha quedado a medias.
- Al acabar limpia la zona genital y perineal (entre anal y testicular en los niños, y anal y vaginal en las niñas y siempre de adelante a atrás)
- Procura que beba líquidos frecuentemente, unas 6 veces al día entre medio y un vaso. Cuando se acerque la noche baja un poco la frecuencia.
Tranquila porque el control total y que lo pida sin problema, en la mayoría de los casos se consigue al cabo de varios meses, pero un control razonablemente bueno lo puedes tener en pocos días o semanas.





Vía: www.enfermeradepediatria.com › Hábitos‎


LOS RITMOS DEL SUEÑO DEL BEBÉ

Al principio, todas estas sensaciones aparecen a intervalos irregulares. El hambre, por ejemplo, puede volver a la media hora de una toma, pero otras veces no aparece hasta pasadas cuatro horas.
Al cabo de tres o cuatro meses, la mayoría de los bebés van regulando sus horarios. A partir de ese momento, es más fácil acompasar los ritmos del bebé con los de papá y mamá. No te preocupes: cada vez te será más fácil reconocer qué necesita tu bebé y cómo puedes satisfacerle.

Hasta que alcanzan las seis semanas, la mayoría de los niños necesitan energía cada poco tiempo. Hay que alimentar a los bebés a demanda, es decir, siempre que tengan hambre y en la cantidad que ellos quieran. Al principio, esto puede ocurrir en cualquier momento del día y de la noche.


En los primeros días, ofrece a tu hijo el pecho o el biberón, cada vez que esté despierto, activo o emita sonidos. No hay que esperar a que llore, es un signo tardío de hambre y de que tiene poca glucosa en el cerebro.

No siempre es hambre

Lo correcto es que des el pecho a tu hijo cuando te lo pida. Pero eso no significa que haya que darle de mamar en cuanto empiece a llorar: a veces, el recién nacido también llora porque necesita mimos o porque tiene el pañal sucio. Y se enfadará si ve que le das el pecho en lugar de lo que él quería. No te preocupes: desarrollarás una sensibilidad especial para saber lo que necesita tu bebé antes de lo que crees.

Qué te puede ayudar

  • Durante la noche, procura amamantar a tu bebé en un ambiente tranquilo, con el mínimo ruido ambiental, con luz tenue o en penumbra, y no jugar con él después de la toma.
  • Amamantar acostada resulta muy cómodo durante la noche. Si te quedas dormida, no pasa nada. A veces, al producirse una descarga hormonal de prolactina, a la madre la invade el sueño, necesario para su descanso. No es malo compartir la cama con el bebé siguiendo unas mínimas normas de seguridad.
  • Los bebés cuyas necesidades son satisfechas rápida y adecuadamente desarrollan una sensación de confianza. Si su experiencia les dice que la comida siempre acaba llegando, a los tres o cuatro meses ya pueden esperar un poco antes de empezar a llorar. Ya saben que se preocupan por ellos y que no hace falta protestar.
  • Si tu hijo te pide comida regularmente a una hora que no te viene nada bien, puedes intentar modificar ligeramente sus hábitos. Pero hazlo poco a poco: cambia el ritmo de las comidas en unos cinco o diez minutos cada día.


Dormir: distinguir el día y la noche es cosa de mayores

Cada bebé tiene unas necesidades de sueño distintas. La mayoría de los recién nacidos duermen 16 ó 17 horas diarias, pero el tuyo puede ser más dormilón o necesitar menos. Suelen despertarse cada 3 o 4 horas, normalmente para comer, y permanecen despiertos entre una y dos horas seguidas.
A partir del mes y medio, los patrones del bebé empiezan a seguir los ciclos de luz y oscuridad y el niño comienza a dormir más por la noche.
Un bebé que a los tres meses duerme de un tirón no llega a las ocho horas, sino que se queda en cinco o seis seguidas. Es prácticamente imposible alargar estos periodos. Como mucho, puedes aprender a utilizarlos mejor -aprovechando para dormir tú cuando él duerma, por ejemplo-.

Cuidado con las siestas largas

Evidentemente, si el bebé duerme mucho durante el día, te deja más tiempo para tus cosas. Pero debes tener en cuenta que las siestas muy largas o muy tardías afectarán a su sueño nocturno. Por eso, en estas situaciones, tendrás que hacer algo que normalmente está prohibido: despertar al niño. Si lleva muchas horas dormido, lo mejor es hacerlo con muchos besos suaves y una ración extra de caricias. O dejar que entren en su habitación los ruidos habituales de la casa.
Durante el día, no bajes las persianas de la habitación del niño, deja que entre la luz del día.

Qué te puede ayudar

Rituales para dormir ( darle un baño ponerle el pijama)
Temperatura e iluminación adecuadas de la  habitación
Cambiarle el pañal , cantarle una nana, darle un masaje...

¡OJO!



martes

LAS RABIETAS

El niño aprende a partir de su experiencia, que cuando está fuera de casa, los papás se avergüenzan de sus rabietas, y obtiene lo que desea rápidamente. ¿Cómo solucionarlo?
-    Los padres han de ser fuertes y resistir de forma estoica cuando se dan cuenta de que el niño demanda un capricho. (No hay que confundir cuando demandan alguna cosa que realmente necesitan)
Los niños no piensan en lo que pensarán los demás...incluso cuando se tira al suelo y grita, atrayendo la atención de los que pasan por su alrededor.
Ceder al chantaje nunca da buenos resultados. Los papás deben ser coherentes con sus principios educativos, incluso delante de los extraños presentes en los momentos “críticos”.


-    No significa que haya que ponerse al nivel del niño, ni gritar, ni seguirle el juego, el adulto ha de contenerle, ofrecerle limitaciones y límites, firmes pero explicándole , enseñándole que no tiene el poder de hacer lo que quiera. Una vez haya pasado esta rabieta.
Recordemos que, entre los derechos del niño, se encuentra el de ser protegido: cuando la mamá o el papá da poder al hijo, le priva de este derecho.

-    La coherencia es fundamental: resistir hoy y ceder mañana no conduce a ningún resultado. La rabieta sólo es eficaz cuando los papás caen en ella.